La herida no es mi culpa, pero sanar es mi responsabilidad

La herida no es mi culpa, pero sanar es mi responsabilidad

Todos hemos crecido con felicidad y tristeza. Hemos aprendido algunas cosas de las personas que nos criaron. Algunas de ellas fueron virtudes y otras se quedaron como heridas con las que finalmente crecimos. En ese sentido, tú para nada eres culpable de esas heridas, de esos dolores o creencias limitantes, pero sí eres el único que tiene la responsabilidad de sanar, de cambiar la forma en la que ves el mundo y la forma en cómo te ves a ti mismo.

A eso se refiere la frase “la herida no es mi culpa, pero sanar es mi responsabilidad”. Pueden ser muchas las razones por las cuales creciste creyendo que no eras suficiente, que tenías que hacer todo perfecto, que no tenías capacidad para ser creativo, etc. Pero culpar a las personas que te enseñaron, inconscientemente, eso no te va a llevar a ningún lado.

Es verdad que es bueno hablar de eso. Pensar en cómo es que esa creencia limitante llegó a tu vida e identificar quién o quiénes fueron los que la implantaron en tu mente. Pero no te quedes en identificar a los culpables porque eso no hará que tu visión del mundo y de ti mismo cambie. No son ellos quienes tienen que solucionar el problema, eres tú.

Sé que suena poco justo o tal vez nada equitativo que sea otra persona quien te cause un daño y sea tú quien tenga que repararlo, pero tienes que pensar en dos cosas. Muchas veces nuestros padres o las personas de las que nos rodeamos cuando somos niños te enseñan cosas desde lo más profundo de su corazón y con todo el amor del mundo, a pesar de que estén equivocados.

Por ejemplo, tal vez tu papá o mamá también creció con esa creencia de que su realidad es la que vive y no tiene derecho a soñar más allá para no sentirse decepcionado. Eso pudo haber sido lo que te enseñó a ti, pero desde el amor y no con un afán de decirte que eres menos, sino porque en su cabeza pensó que era lo más sensato para protegerte. Entonces no fue hecho con maldad.

Lo segundo que debes tomar en cuenta es que la única persona que tiene el poder de cambiar algo de ti eres tú mismo. Puedes buscar al culpable de tu creencia limitante y pedirle que te diga lo contrario mil y una veces, pero, aunque lo haga nada va a cambiar. Tú eres quien tiene que tomar acción por ti mismo y cambiar ese daño con el que creciste.

Lo mejor de todo es que eres capaz de hacerlo. Eres capaz de sanar tu herida con distintas herramientas: psicólogos, yoga, una red de seguridad conformada por amigos, etc. Recuerda que cada vez que te haces daño a ti mismo psicológicamente a quien realmente dañas es a ese pequeño niño que sigue viviendo dentro de ti y que ahora busca tu aprobación.

La única persona responsable de cuidar ese niño eres tú y la única capaz de dañarlo eres tú. Así que cuídalo por favor, tú y ese niño se merecen una sonrisa cada día. Se merecen un paso hacia adelante. Él se merece que lo alientes y tú te mereces ser avivado por la llama de la emoción que todo niño tiene. Empieza a sanarte, te lo mereces, se lo merecen.

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