Sigues diciéndome que soy muy pequeño, pero ¿has notado lo inteligente que soy?

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Probablemente todos nos hemos sentido terriblemente pequeños ante una situación que nos supera. Hemos sentido el peso de una decisión de una tarea para la que en principio no nos creemos capaces. Pero sorprendentemente al final del camino nos dimos cuenta de que, a pesar de ser pequeños, de no tener las habilidades que alabamos en otro, logramos con éxito nuestro trabajo ¿Por qué? De eso se trata la frase “Sigues diciéndome que soy muy pequeño, pero ¿has notado lo inteligente que soy?”

Tal vez primero debamos darnos cuenta de que constantemente nos subestimamos. Es tan fácil alabar a otros y ver la grandeza en tareas ajenas, pero al mismo tiempo es tan sencillo desestimar nuestros logros, creer que son normales y superficiales.

Una segunda mirada nos dirá que a pesar de que logremos grandes cosas nunca lo veremos como algo importante y pasaremos a la siguiente tarea temerosos porque nos seguimos viendo pequeños, aterrados ante el mundo. Creo que lo que nos falta es analizar nuestro auto crecimiento después de cada batalla ganada o perdida.

¿Cuánto hemos aprendido? ¿Cuándo hemos crecido? Cada vez que te trazas una meta y llegas al final, sea cual sea el objetivo, has ganado algo y eres un poco más grande que ayer. Por supuesto esto es en un sentido figurativo, en el que quien crece es tu aprendizaje, pero sobre todo tu inteligencia.

Has caminado con miedo hacia donde querías o debías ir, pero lo has hecho y lo has logrado. Entonces la próxima vez que cuestiones a alguien o te cuestiones a ti mismo por no creer que eres suficiente para algo, recuerda que tus dones no residen en el bagaje de éxitos que puedas tener, sino en lo inteligente que puedes llegar a ser.

De eso se trata la frase “sigues diciéndome que soy muy pequeño, pero ¿has notado lo inteligente que soy?”, la cual se desprende de la película nominada al Oscar, Lion. Un pequeño niño se atreve a decir a su hermano, con mucho cariño, dicho sea de paso, que no importa que tan pequeño sea y que tan pequeñas puedan ser sus acciones por el momento, su inteligencia lo hace llegar lejos.

Al final la inteligencia es la que guía nuestras acciones. La fuerza bruta es superficial, es cierto que efectiva, pero te puedo asegurar que ni un boxeador gana una pelea sin analizar a su oponente y eso, querido lector, es inteligencia.

La próxima vez que enfrentes una gran disyuntiva piensa en qué haría tu yo del pasado, que harías tu ahora, como lo resolverías con la mente de un niño. Usa tu inteligencia para encontrar una solución única y que te llene el corazón. Ten un excelente día.

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